La búsqueda de la felicidad

13 de marzo de 2007
Nombre: La búsqueda de la felicidad
Autor: Lautreamont
Sección: Variettes
Fecha: martes, 13 de marzo de 2007
Comentarios: 8 comentarios

Permitidme acudir a mi ineludible cita con otro martes con la intención de hablar sobre las sensaciones que produjo en mí­ una pelí­cula que tuve el acierto de ver el pasado domingo. Se trata de «En busca de la felicidad«, una fantástica pelí­cula protagonizada por Will Smith.

Y es que esta pelí­cula nos habla en un lenguaje profundamente conmovedor, sutilmente tierno y tan… tan humano. Supongo que cada cual encontrará en ella un momento que le devuelva atrás en el tiempo recordándole que, a menudo, muchos de los momentos más difí­ciles acabaron siendo de los mejores. Porque, aunque a nadie nos guste sufrir, lo cierto es que de los momentos más duros brotan ví­nculos imborrables entre los seres humanos. Unos lazos que reafirman nuestro propósito común y nos hacen más fuertes, tanto como para ser capaces de llegar a hacer lo que parece irrealizable. Imagino que aquellos que han sufrido solos saben mejor que nadie lo importante que es tener una mano amiga capaz de levantarte cuando queda tan poca ilusión como fuerzas.

Yo, como seguramente tantos otros al ver esta pelí­cula, no he podido evitar pensar en mis padres y en el tremendo esfuerzo que tuvieron que hacer para sacarnos adelante. Un sacrificio del que sólo es capaz aquel que deja de mirarse a sí­ mismo primero, aquel que sabe que la necesidad es más fuerte que el orgullo, aquel que conoce lo tenaz que es el abrazo de la angustia, aquel, en definitiva, capaz de anteponer el amor a los demás a sus propias necesidades. Y me pregunto, ¿qué serí­a de nosotros sin la silenciosa ayuda de estas manos anónimas?

No lo sé. Como tampoco sé si la felicidad reside en la forma en la que cada uno la persigue, aunque lo presienta. Pero lo que sí­ creo saber es quién la merece. Ellos la merecen, esos ángeles capaces de elevarse sobre las miserias que confunden el alma humana de los que tan poco hemos sufrido y tanto creemos saber. Y es que, como ya dijera Séneca, hay que cosas que para saberlas no es suficiente con haberlas aprendido.

A todos vosotros, conciliadores de este mundo feroz, permitidme ofreceros mi respeto, mi profunda admiración y mi más sincero reconocimiento. Gracias.

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