Panem et circenses: de izquierda a derecha

14 de febrero de 2007
Nombre: Panem et circenses: de izquierda a derecha
Autor: Lautreamont
Sección: Escupiendo al viento
Fecha: miércoles, 14 de febrero de 2007
Comentarios: 10 comentarios

Es curiosa la forma en la que mucha gente se autodefine o define a otros cómo «de izquierdas» o «de derechas». A uno le hace tener la sensación de que se identifican con una ideologí­a polí­tica por la misma razón por la que son de un equipo de fútbol. Es decir, por simple afición. Así­, a menudo observas cómo incluso anteponen dicha afición a su propio razonamiento lógico para acabar diciendo: «A ti lo que te pasa es que eres de derechas/izquierdas». En fí­n, todo un argumento, ¿verdad?

Eso por no hablar de cuando te dicen que tienes que estar agradecido por vivir en una democracia. Como si te dijeran: «No te quejes que además te podí­an estar dando por culo». Pues nada, muchas gracias por la deferencia. No obstante, y aún a riesgo de parecer desagradecido, me atrevo a aventurar que nosotros tenemos de democracia más o menos lo mismo que tengo yo de católico. Es decir, muy poquito, porque, seamos serios, ¿es alguien capaz de creerse que nosotros elegimos a quién nos gobierna? Att-chus!!! Perdón, es que tengo alergia a las gilipolleces.

Mmmm, analicemos la teorí­a del escenario patrio. Tenemos dos partidos polí­ticos dominantes que alternan el poder: el PSOE y el PP, ¿verdad? Ambos partidos eligen a sus representantes mediante sus propios mecaní­smos internos. Así­, llegadas las distintas elecciones, dichos partidos eligen a sus representantes para que el pueblo, de manera soberana, elija entre dicha oferta polí­tica. Finalmente, una vez excrutados los resultados de los distintos sufragios, los ganadores asumen el poder de los cargos para los que han sido elegidos. Hasta ahí­ muy bonito, ¿verdad? No parece que hayan razones para dudar de la soberaní­a popular. Mmmmm, ¿o sí­…?

Bueno, si cerramos los ojos negándonos a ver lo que pasa a nuestro alrededor, incluso podrí­amos llegar a creerlo. Pero, una vez más, la práctica es bien distinta a la teorí­a. Y la realidad es que alguien, y no nosotros, sufraga a los partidos polí­ticos. La realidad es que alguien, y no nosotros, decide quién es el representante de cada partido polí­tico. La realidad es que alguien, y no nosotros, decide cuál es la lí­nea polí­tica que se ha de seguir para los asuntos realmente (económicamente) importantes. La realidad es que alguien, y no nosotros, manipula los medios de comunicación que controlan para apoyar o denostar a un grupo polí­tico concreto. La realidad es que alguien, y no nosotros, gobierna este paí­s. La realidad es que ese alguien, y no nosotros, son básicamente los bancos, verdaderos dueños y señores de esta España tan nuestra. Y ahora es cuando yo me pregunto: ¿De qué coño me hablan cuando dicen que vivimos en «democracia»? Ay, no es de extrañar que Robyn Hitchcock nos cantara: «When I hear the word democracy, I reach for my headphones«. Supongo que en boca de Iker Jiménez, estas ilusiones con las que apaciguan al servil pueblo entre el que me cuento, tendrí­an incluso su gracia.

Pero, ¿qué quiero decir con todo esto? En realidad, nada en concreto. Lo digo sólo porque necesito repetirmelo a mí­ mismo para tratar de entender a quien me habla de democracias, de izquierdas y de derechas. Será que en mi pueblo sólo entendemos de cosas sencillas. Y es que no os podéis imaginar lo brutos que somos en mi pueblo.

En fin, pan y circo. Que el último tire de la cadena, por favor.

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